jueves, 29 de abril de 2010

VENANACIO COÑUEPÁN

EL CACIQUE AMIGO DE LOS BLANCOS

DON VENANCIO COÑUEPÁN

Allá por los comienzos de nuestra vida como aldea y aún años antes, hubo hombres preponderantes de las parcialidades indígenas que fueron valiosos colaboradores de los que en la frontera interior estaban forjando la Patria.

Si bien en general esta zona del Tandil estuvo librada de malones importantes, salvo los de Yanquetruz en 1855-56, las relaciones con los mapuches que barrieron a los antiguos pampas de la zona, no fueron buenas, pese a que Rosas mantuvo pactos-ganado, provisiones y otras prebendas por medio-que permitieron cierta paz, especialmente durante el “imperio” de Calfucurá

Hubo en cambio otros caciques que prestaron valiosos servicios…. Uno de ellos es el que da pie a esta nota. Se trata de Venancio Coñuepán.

La historia de este cacique o lonco, es verdaderamente legendaria.

Nacido en el sur chileno, en la zona denominada Araucanía, más estrictamente el Piuchén, desde el Bio Bio al Tolten, se destacó por ser un valiente colaborador de los hermanos chilenos en su guerra por la independencia.

También conocido como Coñoepán, Coihuepán, Coyhuepán o Benancio a secas, en lugar de Venancio, habría conocido a O’Higgins, según nos cuenta su tataranieto Antonio Coñuepán: “En los tiempos de La Independencia... ¿Yo no sé realmente cómo se comunicaban? ¿ Cómo se comunicó Bernardo O'Higgins con el cacique Venancio Coñuepán? Pero resulta, que mi abuelo decía, que mi tatarabuelo estuvo en el Desastre de Rancagua.

A mí se me transmitió esto a través de mis antepasados, de mi papá y de mi abuelo se me transmitió esto. Y posteriormente nosotros lo comprobamos, porque resulta que O'Higgins le escribía a mi tatarabuelo y esas cartas existen. En un libro escrito sobre La Historia de Chile, ahí, aparece lo que le decía Venancio Coñuepán a O'Higgins. Le decía: “ Pachencha general, pachencha.” Porque esas palabras están escritas ahí. Siempre las han repetido. “Pachencha general, pachencha general.” Porque no sabía pronunciar bien el dialecto huinca. Entonces en vez de decir “paciencia” decía “pachencha.” ( Reproducido por Rigoberto Curivilu, en su nota” El Cacique Venancio Coñuepán y la Independencia” en Revista Ser Indígena del 28-09-2005).

Venancio, que hablaba español, llegó a detentar el grado de Sargento Mayor del Ejército de Chile, participando en el sitio de Chillán, en 1813, a las órdenes de O’Higgins.

Acerca de cómo llegó a nuestro país, existen versiones diferentes. Por un lado están quienes, como su propio tataranieto, afirman que fue por invitación de Rosas, en 1827, que cruzó la cordillera hacia la Argentina, con 900 indígenas y 100 soldados chilenos al mando de Juan de Dios Montero, para luchar contra la banda de los también chilenos hermanos Pincheira y de Calfucurá. Al respecto el relato oral del tataranieto señala:”…una delegación de indígenas de Argentina lo vino a buscar a mi tatarabuelo. Aquí, a este mismo lugar. Tenía su ruca en la parte más alta del campo para dominar todo esto. Incluso, están las huellas de los fosos donde encerraba sus animales.

Entonces llegó la delegación de indígenas argentinos con una comisión de militares de Argentina, enviada de allá. Llegaron aquí, a hablar para que él, hiciera la misión de ir a capturar a Calfucurá, al cacique rebelde. Venancio Coñuepán los recibió en su ruca y les dijo: “Esta noche voy a decidir si voy o no”. Porque el cacique tenía su señal.

En la noche tendió su manta en el corral donde tenía su caballada. Dentro de su caballada había un caballo que sobresalía. Según sus creencias, si ese caballo se echaba sobre la manta le iba a ir bien en la batalla. Hizo lo mismo cuando acompañó a O'Higgins. Entonces se levantó bien temprano y el caballo que él montaba amaneció echado sobre la manta. Y les dijo: “Ahora voy.” Así les dijo. “Vamos a tomar, pues, los acuerdos.”

Ahí llegaron a acuerdo. La comisión le dijo: “Esto es lo que manda a decir el general Rosas. Mandó a decir si usted iba y capturaba a Calfucura, allá se le va a pagar. Va a ser beneficiado”. Curiosa noticia cargada de subjetivismo y de costumbres ancestrales…

Por otra parte, otra versión indica que” (...) el cacique Melipán con un sargento de la República de Chile, llamado Venancio y un teniente Juan de Dios Montero con 1.000 indios y más de 30 soldados se hallan a cien leguas de la Sierra de la Ventana. El gobierno chileno los ha enviado a perseguir a los que desbaratan la provincia de Concepción. Han venido con otros caciques... pero no creyéndose suficientes, piden auxilio lo que forma el objeto de su misión”.

En ese sentido, la investigadora Silvia Ratto nos comenta:” El ingreso e instalación de Venancio Coñuepan en las pampas ha sido exhaustivamente estudiado por Daniel. Villar y J .F. Jiménez. Los autores consignan que Venancio, cacique mapuche originario de Piuchén ingresaría a las pampas a mediados de la década de 1820 integrando una coalición que reconocía tres bloques definidos: uno conformado por soldados chilenos y liderado por Juan de Dios Montero y dos grupos indígenas uno de los cuales se encontraba bajo las órdenes de Venancio. Este contingente estaba conformado principalmente por hombres de pelea ya que el objetivo declarado del mismo era atacar a los hermanos Pincheira que habían cruzado la cordillera. La escasez de mujeres y la falta de alimentos para sostener un grupo tan numeroso (las estimaciones de distintos autores mencionan un millar de personas) frustró la posibilidad de establecer una base territorial propia y de generar una estrategia de reproducción. La presión de otros grupos, particularmente de la coalición Pincheira-boroganos aceleró la ruptura de la alianza. Mientras un sector indígena regresó a Chile, los otros "resignan su autonomía y refuerzan un acercamiento a los blancos".

Lo cierto es que luego de combatir en la zona del río Colorado, el 8 de agosto de 1828 el comandante de nuestro Fuerte Independencia ( Tandil), coronel Ramón Estomba, informó al Gobierno de Buenos Aires sobre la llegada de Coñuepán a esta zona serrana. En relación a don Venancio, Félix Weimberg-autor del “Manual de Historia de Bahía Blanca”-nos dice: “Unido a la empresa de Estomba dejó su lugar en Tandil, donde se encontraba, y permaneció en las cercanías de la nueva población sobre el arroyo Napostá, atrás de la Loma Paraguaya. Se mantuvo allí en calidad de indio amigo durante ocho años, en los que intervino en numerosos encuentros contra tribus rebeldes.”.

Acompañó al ingeniero Narciso Parchappe, adelantado a la zona de la Bahía Blanca y quien trazaría los planos de la Fortaleza que daría origen a la ciudad bahiense. Acerca de Venancio nos dice: A nuestro arribo el cacique Venancio había enviado un mensaje a su lugarteniente Montero, acampando con el resto de su gente en las cercanías del río Colorado; llegó, al anochecer, acompañado de un enviado del mismo Montero. Estos indios nos informaron haber visto nueve hombres a caballo en dirección a la Cabeza de Buey; los suponían espías o vanguardia de indios enemigos, que aseguraban venían en gran número con intención de atacarnos y de oponerse, con todo su poder, a nuestra instalación, mirada por ellos como una usurpación a sus posesiones; lo anunciaban, además como conocedores de nuestra poca fuerza y no ignorando que el resto de la expedición no llegaría hasta pasado un tiempo. Lo que parecía justificar las precauciones e indicar un peligro real era que el cacique Venancio parecía atemorizado; reunió en asamblea a todos los suyos y mantuvo consejo durante toda la noche. Nuestra posición parecía tornarse más crítica y despachamos al día siguiente, un expreso al coronel Estomba instándolo a apresurar la marcha y de a enviarnos refuerzos de tropa.”

Venancio estuvo junto a Estomba en la fundación de la Fortaleza Protectora Argentina, luego Bahía Blanca, el 11 de abril de 1828, obteniendo el grado de teniente coronel del Ejército nacional otorgado por el gobernador Manuel Dorrego, quien al respecto nos dice: “…al Sargento Mayor don Venancio Coihuepán, he tenido a bien nombrarlo como le nombro Teniente Coronel en Guerra al servicio de la Patria. …El coronel Estomba me previno que debía partir el 12, acompañado de una escolta de treinta hombres y del cacique Venancio con los suyos, para hacer un reconocimiento preliminar de Bahía Blanca a fin de resolver... y elegir, por adelantado el sitio donde debía comenzar a formarse el establecimiento”.

Coñuepán y sus seguidores aceptaron la invitación de establecerse en la zona de la flamante Fortaleza Protectora Argentina y los soldados chilenos se incorporaron al ejército de Buenos Aires, quedando Montero en la Fortaleza.

A poco de levantada la misma, el 25 de agosto de 1828, fue atacada por Pablo Pincheira y sus aliados indígenas, participando en la defensa Venancio Coñuepán y el citado capitán Montero. Así lo deja documentado el mismo Estomba, al decir: En la madrugada del 25 del actual vinieron los bárbaros a estrellarse contra la Fortaleza, en numero de 400 a 450 hombres, entre ellos como 100 de tercerola; teníamos avisos anticipados y los esperamos desde medianoche; hice formar fuera a caballo la tropa disponible, en su totalidad 130 hombres y con los indios amigos del cacique Venancio y el capitán Montero, salimos a encontrarlos; ellos aguardaban y resistieron la carga pero el fuego de una pieza que sacamos con nosotros los hizo retirarse, después de haber dejado en el campo 8 a 10 hombres”

La campaña militar de Rosas, dirigida contra los indios maloqueadores , en el año de 1833, representó para Coñuepán y su tribu, que colaboraron con el Restaurador, una buena oportunidad para pasar la cordillera y volver a sus antiguas tierras, ya que en 1832 la banda de los Pincheira había sido definitivamente eliminada y Chile y Argentina habían consolidado su independencia. Su misión y su promesa estaban cumplidas, pero Venancio no regresó.
Luego de la masacre de boroanos perpetrada por Calfucurá en Masallé el 9 de septiembre de 1834, Coñuepán participó con 60 lanzas junto a los boroanos sobrevivientes y con tropas de la Fortaleza Protectora Argentina al mando del Cnel. Francisco Sosa, en la persecución de Calfucurá, que fue obligado a huir.

Cuando el boroga Cañiuquir proyectó una invasión y una partida de soldados fue atacada, el coronel Francisco Sosa, comandante de la Fortaleza, dirigió contra ellos dos avances de la guarnición de blandengues de la Fortaleza Protectora Argentina el 22 de marzo y el 26 de abril de 1836. Coñuepán participó en los ataques con sus 200 auxiliares indígenas y los 270 hombres del cacique Meligur, derrotándolos en las tolderías de Cañiuquir en el arroyo del Pescado y en Lanquillú en las proximidades de la actual ciudad de 9 de Julio, matando a 650 borogas , entre ellos al cacique Cañiuquir, que fue degollado, tomando 900 prisioneros y rescatando el ganado y los cautivos.

El 24 de agosto de ese año, Calfucurá, como represalia, lanzó un feroz ataque a la Fortaleza y produjo bajas y llevó cautivas, los soldados combatieron junto a los hombres de Venancio, quien era considerado traidor por boroganos y el mismo Calfucurá, por la muerte de Cañiuquir, aunque como sostiene Weimberg “ los documentos demuestran lo contrario”

Al regresar a la fortaleza unos 800 auxiliares aliados se sublevaron, mataron a cuantos cristianos encontraron, entre ellos dos oficiales y 70 soldados, y apresaron a Venancio Coñuepán, quien luego murió ese mismo año, en situación poco clara.

Acerca de la confusa muerte de Venancio, no todas las versiones son coincidentes. La citada autora S. Ratto nos informa; “Poco tiempo después, producido el ataque de Masallé sobre la tribu borogana y producto de la dispersión de la parcialidad, un sector con aproximadamente 300 indios de pelea negoció su incorporación al grupo de amigos de Bahía Blanca inmediatos a Venancio. La relación entre los boroganos y la familia de Venancio era de extrema rivalidad y se remontaba a la época de la "guerra a Muerte" en Chile. La alianza gestada sobre esta base sería totalmente inestable y apenas dos años mas tarde su produjo una cuenta sublevación de los indios amigos inmediatos al fuerte y dirigida por los boroganos, en el cual fue asesinado el cacique Venancio”.

Después de ocho años en las pampas, la magia imponente de las llanuras, sus rebaños y los honores, contribuyeron en la formación de una nueva perspectiva en él, sus hijos y sus seguidores, que decidieron quedarse en forma definitiva. Venancio murió como había vivido haciendo honor a su condición de patriota e indio amigo, fiel a su palabra empeñada en los tratados, Fueron años en los que se ganó un nombre y el aprecio por su valentía y sus servicios.

Aquí había recalado en su calidad de tribu amiga, según lo establecido por Rosas en 1831, para la luego conocida como “etapa del negocio pacífico”, en la cual se señalaba como lugares de asentamiento, los cercanos a los fuertes.

Los espacios asignados por Rosas a las parcialidades, no coincidían con el patrón de su subsistencia, porque el pastoreo del ganado y su caza, necesitaba de movimientos permanentes. Así lo expresaba el comandante del Fuerte Independencia, la indiada de las inmediaciones no quería estar reunida como se preveía "por tener sus majadas de ovejas y algunas vacas, sino que andan en continuo movimiento buscando los mejores lugares en los dos arroyos que corren a uno y otro lado del fuerte y seguramente hasta una legua de distancia a diferentes lados hay tolderías apostadas". Los mismos caciques solicitaban el traslado de su tribu por el avance de las estancias así, por ejemplo, nuestro personaje, el cacique Venancio Coñuepán cuando estaba asentado en inmediaciones del arroyo Azul pidió trasladarse a Bahía Blanca porque el crecimiento del pueblo estaba "invadiendo las tolderías".

Es interesante conocer en qué condiciones se encontraban las tribus de la zona, entre ellas las de los famosos Catriel, Cachul y el mismo Venancio. Sabemos por los estudios de Ratto (2005), que “El cacique Venancio, por ejemplo, recibía de manera regular 1.000 pesos en billetes de 20 y de 10 pesos, entrega que debía realizar el comandante del fuerte de Bahía Blanca ";a solas para que no lo sepan los demás indios"; y 6 reses personales para su consumo . Gracias a éstos y otros regalos, Venancio dejaría como herencia para su hijo Ramón la cantidad de 1.000 pesos metálicos en diferentes monedas (505 patacones, 301 bolivianos, 80 peruanos, 43 patrios, 19 mexicanos, 4 españoles de rostro, 13 chilenos, 13 macuquinos cordoncillos y 33 cortada y ropa y aperos por valor de 2.499 pesos”.El grupo que respondía al cacique chileno Venancio fue un ejemplo típico de rápido crecimiento de población merced a la incorporación de nuevos contingentes”

Hasta aquí llegamos, amigo lector de Tiempos, queríamos dejarle una breve, pero demostrativa noticia de algunos olvidados de nuestra historia y en este caso elegimos a Venancio Coñuepán, el “cacique amigo de los blancos” que hoy es recordado con el nombre de una calle y de un paraje en Bahía Blanca, escenario de algunas de sus hazañas.

DANIEL EDUARDO PÉREZ

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