sábado, 6 de agosto de 2011

MARTÍN FIERRO EN EL TANDIL

MARTIN FIERRO EN EL TANDIL

Adentrarnos en las entrañas mismas de la historia del "Martín Fierro", nos conduce necesariamente a abrevar en la vida de José Hernández y también en el contexto histórico de la época y sus personajes.

Estudiado a fondo autor y obra en innumerables trabajos, sabemos por propia boca del mismo Hernández- en sus "Instrucciones al estanciero" y por la de su hermano Rafael- del afecto y conocimiento profundo que tenía de usos y costumbres, así como de personajes del campo bonaerense, por lo que constituyó siempre un desafío el tratamiento histórico del hombre y el paisaje sobre los que realmente se apoyó la inmortal obra que nos legó.

El escenario se corresponde inequívocamente con la geografía del centro- sudeste de la provincia, donde además el autor pasó momentos de su infancia (recordemos Laguna de los Padres y Camarones). Así pampas, cerros y loberías caracterizan el poema que, al decir del recordado historiador y maestro Juan Carlos Vedoya, se centran en la estancia, el fortín y la pulpería.

Estancia adonde aún no había llegado el bagaje aportado por los inmigrantes con la crianza de la oveja y la práctica de la agricultura, de alguna manera despreciados por el gauchaje que, según algunos autores-Borges incluido- manifiesta ciertos indicios de burla y reacciones de xenofobia, que quedan reflejadas en el poema.

En esos escenarios complejos y desafiantes, tuvieron lugar sucesos de la vida del hombre de carne y hueso-parafraseando a Tiscornia-que hoy, casi con certeza, podemos afirmar dio pie a la genial creación hernandiana.

Ese gaucho de vida real se llamó Melitón Fierro y habitó precisamente en los campos del Monsalvo, donde transcurrió parte de su vida y además los momentos culminantes, después de haber recalado allí, dado que de nacimiento era porteño.

Correspondió al investigador uruguayo Rafael Velázquez, el mérito de haber dado a conocer, en 1923, el documento firmado por el Cnel. Alvaro Barros-fundador de Olavarría en 1867 y comandante de la frontera sud-, donde acusa recibo de la llegada del preso Fierro al lugar de su comandancia, el 16 de agosto de 1866.

Este hecho decisivo y el aporte posterior de otros descubrimientos documentales, echaron por tierra con las hipótesis de quienes atribuían a Hernández el haber tomado las figuras de Güemes, Artigas o un estanciero de su amistad llamado Martín Colman, como base para el desarrollo del personaje central.

A partir de aquel hallazgo, comenzó lentamente la reconstrucción de los episodios a que dieron lugar el apresamiento, posterior condena y remisión a la frontera de Melitón Fierro, donde entra nuestro Tandil en el itinerario azaroso del gaucho.

El episodio desencadenante de nuestra historia, tuvo lugar en el frío invierno de junio de 1866, posiblemente en" La Rosa", la pulpería que estaba en los campos del alcalde Lastra, en el partido del Monsalvo, cuando por cuestiones del momento se enfrentaron en una pelea a facón, Melitón Fierro y Policarpo Vera, quien resultó levemente herido por nuestro personaje.

Como consecuencia lógica, Melitón fue detenido y remitido al Juez de Paz don Enrique Sundblad, quien lo despachó con nota del 27 de junio y la custodia del sargento Bartolo Santucho, al Juez en lo Criminal de Dolores J. J. Cueto.

Cueto, luego de pedir al ya citado alcalde Lastra, elementos como el facón y el caballo de Fierro, procedió a estudiar el caso, y se declaró incompetente, porque a su entender- y al nuestro-el tema era menor y casi irrelevante a los ojos contemporáneos, por lo que lo devolvió al Juez de Paz Sundblad, para que actuara según su criterio y las facultades otorgadas por la ley de 1858.

Del contrincante de Fierro se ocupó muy bien el historiador dolorense Cesar Vilgré Lamadrid, quien además ubicó a descendientes del cordobés Vera, proporcionándonos interesantes datos sobre la amistad de aquél con Pedro Flores, de los primitivos pobladores de Lobería, Juez de Paz y amigo de Hernández.

El 10 de agosto de 1866, el Juez Sundblad aplicó a Fierro la sentencia de ser " condenado al servicio de las armas por el término de tres años y al batallón de Línea".

Con otra nota de la misma fecha, lo remitió al Cnel. Álvaro Barros, a la frontera del Azul, expresando que la pena era de ese tenor por la levedad de las heridas...

La reconstrucción del itinerario de Fierro ha sido completada con exactitud desde su partida hasta llegar al destino fronterizo y ser recibido por la comandancia de Barros, merced a hallazgos que incluyen el Archivo Histórico de Tandil.

Ya el citado autor oriental- Velázquez- había demostrado que desde el Monsalvo, Sundblad-custodia mediante- lo remitió al Juez de Paz del Vecino (actual Gral. Guido), Idelfonso Ramos Mexía, quien a su vez hizo lo propio con el Juez de Paz de Arenales, Zoilo Miguens, a la postre fundador de Ayacucho, curiosamente el único topónimo que Hernández menciona en su obra, amigo personal y a quien dedicó la primera edición de su poema.

Más cerca de nuestros días -en 1972-la investigadora Amalia Cirujeda fue quien encontró en el Archivo Histórico de Tandil, la nota de Miguens al Juez de Paz del Tandil, don Carlos Díaz, donde le remite al preso eje de nuestra nota y donde dice Ferro y no Fierro- la hemos tenido a la vista- expresando: "Arenales, Agosto 11 de 1866.

"Al Señor Juez de Paz y Comte. del Tandil.

"El infrascripto remite a V. al preso Melitón Ferro y un pliego serrado (sic) del Juez de Paz del Monsalvo, para que se sirva V. hacerlo pasar bajo segura custodia de Juzgado en Juzgado, hasta el Azul, para que le sea entregado al Gefe (sic) del Batallón 11 de línea Sargento Mayor Dn. Alvaro Barros".

"Dios guarde a V. mil años" José Zoilo Miguens.

Así llegó finalmente el pobre Melitón Fierro a los pagos serranos, entre bravos custodias y jueces de paz que todo lo podían .Poco duró la estadía del personaje clave del poema gauchesco máximo de nuestra literatura en Tandil, donde más allá de algún mate y algún pedazo de dura galleta, entre el cruce de pocas palabras y el olor a tabaco barato, pasó sus horas camino a su duro destino.

El autor de estas páginas tuvo la suerte de encontrar en 1982, en el libro copiador del Juzgado de Paz, el texto de la nota que el Juez de Paz local, el ya citado Carlos Díaz, le remitió rápidamente a Álvaro Barros, y que habiendo permanecido inédita, se dio a conocer por primera vez en la publicación de un artículo firmado por quien esto escribe, en el diario "El Tiempo" de Azul, en enero de 1983.

El texto lleva fecha del 16 de agosto de 1866 y manifiesta:

"Al Sr. Comte. del la Frontera del Sud Tte. Coronel Dn. Albaro (sic) Barros

"El infrascripto remite a V.S. el preso Melitón Ferro y un pliego serrado (sic) del Sr.Juez de Paz del Monsalvo".

Este hallazgo cerró el itinerario, no dejando dudas del paso de Melitón Fierro por Tandil, quedando de lado las originadas por algunos autores que desde Arenales lo hacían llegar directamente al Azul.

El mismo 16 de agosto llegó Fierro al Azul y así lo hizo saber Barros en nota al Juez de Paz del Monsalvo, que originalmente era quien lo había sentenciado y enviado allí a cumplir la ya mencionada condena.

Los lectores querrán saber qué pasó luego con este personaje. Dos días después fue destinado a la 2da. Compañía que comandaba el recordado Antonino López de Osornio en la zona de Claromecó , siendo posteriormente trasladado a Tapalqué, en cuya región seguramente fue que desertó junto a un tal Sixto Base, el 25 de diciembre de 1866, según consta en la documentación del legajo respectivo.

De allí en más, salvo el hallazgo del documento en el que figura el pago de $ 140, el 28 de setiembre de 1880, por "cuerear varios animales", en el Libro de Movimiento de Caja del partido de Gral. Alvear, nada más se ha conocido.

Recientes trabajos, como el novelado en primera persona de Agustín Villasol (Dolores, 2002), confirman todo lo descripto y abonan la hipótesis del personaje de " carne y hueso", al igual que las existencias del sargento Pedro Cruz (1830-1883) y de un tal Francisco Bramajo o Borrajo, en la estancia "Las Víboras", que por tradición oral escuchada en esos pagos hasta hoy, podría haber sido un perfecto "Viejo Vizcacha".

Ahora bien, ¿ cómo conoció estos personajes reales Hernández o al menos supo de alguna de estas historias ?.

Es sabido que el autor escribió por primera vez el nombre de Martín Fierro en 1869, nombrando con él a su amigo el ya citado Martín Colman y que la obra "El gaucho Martín Fierro" la escribió en 1872, al regresar de Montevideo y luego de compartir largos momentos con sus amigos José Zoilo Miguens y Álvaro Barros, quienes además compartían el mismo ideal político.

Miguens o Barros pudieron ser perfectamente informantes de lo que Hernández confesó que "... esto es pura realidá". En el caso de Barros, un descendiente suyo, Ricardo Mosquera Eastman, sostuvo en 1967-en correspondencia con Velázquez-, que en su familia siempre se creyó que el Cnel. Alvaro Barros relató a Hernández acontecimientos sobresalientes de un gaucho que tuvo a su cargo en la frontera del Azul.

Otros, como los citados Flores y Colman, también pudieron ser informantes, lo cierto es que más allá del puente tendido entre Melitón y Martín; el paisaje, la estancia, la frontera, la realidad socio- política y la creación literaria, en Hernández, el eximio abogado del gaucho, hubo bases firmes de indubitables realidades, en donde Tandil tiene su pequeño lugar por el terreno que lo caracteriza, en alguno de los versos:

"Hasta un inglés zanjiador

"Que decía en la última guerra

"Que él era de Inca-la-perra

"Y que no quería servir.

"También tuvo que juir

"A guarecerse en la sierra"

Sierra que el anotador de la sexta edición de Sopena de 1953, Ramón Villasuso, no duda en decir que es la de Tandil.

Tandil y Melitón. Melitón y Martín. Martín y aquella realidad ¿por qué no?.

Recientemente la aparición del libro “El mundo de Martín Fierro”, (Eudeba, 2006) firmado por el prestigioso catedrático Eduardo Míguez, recoge algunos documentos y alguna bibliografía, en donde no aparecen otros –documentos o libros-que arrojan luces sobre el tema, y que el autor no ha tomado en cuenta por motivos que desconocemos…

Daniel Eduardo Pérez

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