martes, 15 de abril de 2014

LA SEMANA SANTA EN EL TANDIL





LA SEMANA SANTA EN EL TANDIL
HACE MEDIO SIGLO
                                             
La Semana Santa adquiere en Tandil una significación especial desde hace varias décadas por razones de peso que le han otorgado en el consenso nacional un atractivo especial que va aún más allá de su significado religioso.
En este capítulo le damos, amigo lector, una semblanza de cómo se inició esa fama que si bien hoy se expresa de manera diferente, nos remite a los comienzos hace ya más de medio siglo.
Casi todos sabemos que  la Cristiandad  celebra desde tiempos remotos, la Semana Santa como la Semana también denominada Mayor, la que comienza al finalizar la Cuaresma con el Domingo de Ramos y culmina hoy con el Domingo de Pascua.
Esta Semana adquiere en distintas partes del mundo un significado especial y desde el Vaticano, centro y cumbre  de toda la celebración, se extiende a lo largo y a lo ancho del planeta, manifestándose de formas diversas, algunas con características propias famosas en el mundo entero, como en España ( Sevilla por ejemplo) o Filipinas..
En nuestro país también ello ocurre y encuentra en Tandil dos elementos que desde hace más de medio siglo, se capitalizan como una identidad que le permiten señalarla como únicas en el país y también en América.
La celebración en nuestra ciudad de la Semana Santa adquirió ribetes especiales a partir de la inauguración del Calvario en 1943 y con el Curato de Luis J. Actis fue creciendo hasta alcanzar  una programación que  abarca  la religiosidad en sus distintas expresiones.
Por un lado el citado Calvario, que,  por sus características y ubicación, lo constituyen en el único del país y de América, teniendo sólo otro similar en el mundo, y por otra parte la escenificación de la vida de Jesús.
Esa verdadera muestra al aire libre de arte y fe, se logró con la donación del cerro y las esculturas de los mejores artistas del país en esa época.
Con el aporte de la Municipalidad, la Provincia y particulares, se contrató a esos escultores argentinos –como quedó dicho, los mejores de la época- para realizar las catorce estaciones del Vía Crucis, de tal manera que una vez terminada la obra, la solemne inauguración se llevó a cabo el 10 de enero de 1943, con la presencia del Presidente de la Nación Dr. Ramón S. Castillo, el Nuncio Apostólico  y una multitud de fieles.
En 1947 se inauguró la magnífica Capilla Santa Gemma, la primera en América en llevar la advocación de la santita italiana Gemma Galgani y en 1967 se incorporó al conjunto la Gruta de Lourdes, integrando un todo de bellísima conjunción de arte y religión.
Estas breves referencias históricas acerca del gran valor religioso y artístico del Calvario que lo erigen en un santuario de características propias, lo muestran como el más grande, abierto y popular de todo el  territorio nacional.
Sin embargo  este centro de atracción religiosa para los fieles cristianos de todo el país, tiene tal singularidad que lo han convertido también en centro de atracción mundial, cuando se incorporó, poco después, una expresión cultural que con el paso de los años creció de tal manera que hoy por hoy adquirió perfiles tales que lo exhiben como una expresión  también única en el mundo tanto por el escenario, como por  los textos y el número de protagonistas que intervienen: las Escenas de la Redención.
Esta representación nació en 1948 –este año cumplen sus 60 años-por iniciativa de Ricardo Seritti, de la Dirección de Turismo de la Provincia. Primero al pie del Calvario y como Actos Sacramentales y desde 1952 en el Salón Parroquial (luego Teatro Estrada, hoy del Fuerte), hasta que  fue al veredón de la Municipalidad en 1959.
Con la inauguración del Anfiteatro Municipal la escenificación se trasladó allí en 1964, con el nombre de Estampas y luego Escenas, con libretos de Mons. Dr. Luis J. Actis y dirección de Jorge Lester y Enrique Ferrarese, a quienes sucedió, José M. Guimet  y luego, por razones ajenas a la religión y al teatro, se dividieron, siendo ahora las Escenas originales llevadas a distintas ciudades y en el Anfiteatro con el nombre de” Jesús el Nazareno”, se pone en escena una nueva versión- la representación “oficial”- primero con la dirección de Pascual Pina y ahora de G. Bayerque.
Desde esta perspectiva histórica, la Semana Santa en Tandil fue adquiriendo relieve nacional, dado que con la incorporación en 1949 de la Solemne Procesión del Santo Entierro, se puso especial énfasis en el Viernes Santo como jornada de fe y de esperanza, comenzando con el Vía Crucis general en el Calvario y de allí, portando las imágenes de los principales protagonistas de aquel Viernes de hace dos mil años,  llega en una procesión de canto y oración hasta el Templo de la Inmaculada, luego de recorrer a pie el tramo.
Históricamente presidida por el Obispo de la Diócesis (Azul) y en los años sucesivos además con la presencia de casi todos los gobernadores de la provincia de Buenos Aires, legisladores y también de Presidentes y Vicepresidentes de la Nación, ésta ha marcado un hito en la historia de la celebración de la Semana Santa en el país, cobrando una trascendencia cada vez mayor.
Nos detendremos especialmente en esta celebración de fe retrocediendo unas décadas, porque nació de manera diferente a la que  pudieron ver o protagonizar los fieles locales o foráneos.
Las primeras procesiones fueron diseñadas en su estructura y organización teniendo en cuenta no sólo la liturgia sino modelos famosos en otros lugares.
Cabe destacar que a partir de 1951 la programación total de la Semana Santa quedó a cargo de una Comisión Oficial de la que participaban además del Intendente y el Cura Párroco Pbro. Luis J. Actis, las “fuerzas vivas”” y  representantes de organizaciones diversas como las fuerzas de seguridad , instituciones intermedias etc Desde hace varios años la citada Comisión dejó de funcionar y la Iglesia es la que coordina en especial la procesión que dejó de llamarse del Santo Entierro ..
Luego del Vía Crucis del viernes por la tarde en el Calvario, partía la Procesión desde Av. Mons. de Andrea, proseguía por Av. España hasta Yrigoyen y de allí hasta la Municipalidad. Todas las viviendas que daban al recorrido estaban ornamentadas con algún símbolo de duelo en su puerta o en sus  ventanas (paños morados o violetas con un Crucifijo, etc).
El encolumnamiento de la misma estaba estructurado en  lo que podríamos llamar secciones claramente definidas.
Al frente iban los Caballeros de la Santa Cruz, portando la Cruz procesional acompañados por un séquito, los seguían los llamados Ciriales, es decir quienes portaban los cirios y luego una masa coral y banda.
Atrás, eran llevados los instrumentos de la Pasión: primero el Caballero de la Corona de Espinas con sus acólitos y más atrás los seglares; inmediatamente después se ubicaban los Caballeros de los Clavos de Cristo con sus respectivos acólitos y luego las religiosas de Tandil ( casi todas Hijas de Nuestra Señora de la Misericordia); más atrás el Caballero de la Crucifixión portando el martillo y acompañado por sus respectivos acólitos.
Venían luego las autoridades eclesiásticas y más atrás los Caballeros de la Sábana Santa, inmediatamente seguidos por los Caballeros del Santo Sepulcro que portaban la imagen del Cristo Yacente llevada a pulso (no sobre los hombros como hoy) con la Guardia de Honor del Santo Sepulcro.
Acompañaban detrás, las llamadas Hijas de las Santas Mujeres, la masa coral “a capella” y detrás, marcando el paso con sus sones a duelo, las Matracas y los redoblantes del Ejército.
Inmediatamente después aparecían los  Mujeres de Jerusalén de riguroso luto  (vestido y mantillas negras) precediendo a los Caballeros de la Virgen que portaban la imagen de La Dolorosa con su respectiva Guardia de Honor.
Recordamos que cada Caballero se repetía año a año, casi como una misión”vitalicia”, allí la presencia de los recordados y respetados vecinos Dres. Eduardo Tuñón y E..Lucchesi eran ya clásicas, entre otros.
Por su parte hombres caracterizados como soldados romanos acompañaban a quienes representaban,  simbólicamente a los elementos de la Pasión, donde no faltaban la lanza y la esponja con vinagre………..
Por su parte las Hijas de María y alumnas y jóvenes de la Acción Católica, de tanto en tanto, arrojaban perfume y pétalos de flores al Cristo yacente
Completaban la secuencia las imágenes de San Juan y de María Magdalena llevadas en oportunidades diversas primero por laicos pertenecientes a distintas organizaciones religiosas y después-como hoy-por alumnos y alumnas de los Colegios católicos.
Durante todo el recorrido una red de parlantes-en realidad aquellas viejas bocinas, recordamos aquí a Américo Sinka y a Rubén Bazoberri- alquilados por la Municipalidad llevaba la potente voz de Mons. Actis siguiendo un libreto escrito por él con oraciones, cánticos y lecturas alusivas.
Participaban también distintas instituciones de la Iglesia como las Hijas de María, los alumnos de los colegios Sagrada Familia y San José así como los jóvenes y hombres de la Acción Católica
Casi siempre la llegada de la Procesión coincidía con las primeras penumbras de la incipiente noche por lo que los participantes encendían las velas-cirios hasta llegar al final donde la Banda Municipal dirigida por el recordado maestro J.Onorato interpretaba la Marcha fúnebre de Chopin., una vez depositadas las imágenes en el veredón de la Municipalidad, luego de lo cual Mons. Actis decía unas palabras acordes al momento e impartía la bendición.
Cabe señalar aquí que las imágenes de todos los templos permanecían cubiertas por una tela morada que sólo era sacada después del Viernes Santo y las radios nacionales-Tandil todavía no tenía emisoras-ese día  pasaban solamente  música clásica y religiosa.
Hoy ya no es la misma procesión, adecuada a los tiempos pos conciliares, y luego de posturas encontradas con alguna polémica por medio, fue modificada suprimiéndose los instrumentos de la Pasión, matracas y tambores y los soldados romanos, entre otras cosas, y de la escasa participación-la Procesión era seguida desde las veredas por la multitud-se pasó a una participación más activa en la misma
 Asimismo ya son una tradición, desde hace muchos años,  las peregrinaciones desde distintas Diócesis al Calvario, así como los Vías Crucis de la Familia, de la Juventud,  de la Tercera Edad y el de los Niños.
Reconocida  como la Semana Santa de más trascendencia internacional en el país, por todo lo expresado en la nota, la Semana tiene a lo largo de su celebración, expresiones artístico- culturales que adquieren rasgos casi únicos también en su realización.
Tal es el caso del Salón Nacional de Arte Sacro y el de los conciertos sinfónicos corales de obras religiosas que se concretan año a año con el acompañamiento de verdaderas multitudes en su realización.
Esta conjunción de fe religiosa y de manifestaciones que conllevan un significado trascendente en lo cultural, fundamentan abundantemente, la legítima aspiración de los pobladores de la región, de promover el reconocimiento de esta Semana Santa de Tandil como centro de una celebración de ribetes nacionales, lo que queda claramente expuesto a través de la unicidad de sus características y de la inserción de las mismas en lo más profundo del alma popular, mística y trascendente.
En las esferas religiosas y en las laicas, está profundamente imbricado este sentido y este clima tan especial que se vive y se respira durante la celebración que tiene como punto central a Tandil, así lo demuestran anualmente en la repercusión de publicaciones especializadas y de la prensa en general, que reflejan el polo de atracción nacional que esta Semana Santa tiene.
La universalidad de la celebración, en una palabra, tiene en nuestro país un perfil  cargado de significado propio dentro del marco de una expresión de fe religiosa que ha adquirido contornos de identidad  innegables, que la destacan por sobre la tendencia globalizadora que en muchos casos va en desmedro de los caracteres propios y particulares.
El mencionado clima de espiritualidad, la hospitalidad y solidaridad que revisten en esta Semana las vivencias de todos quienes deciden vivirla en Tandil, sólo puede calificarse como una fuerte experiencia de amor convocante, para vivir en la necesaria paz y armonía  el resto del año, aún en los casos en que los que llegan a nuestra ciudad no son peregrinos o fieles sino turistas a secas…

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