jueves, 27 de noviembre de 2014

LA TRÁGICA INUNDACIÓN EN EL TANDIL DE 1951


CRÓNICA DE UNA TRAGEDIA
La gran inundación de 1951

Existen en las historias de los pueblos, momentos que quedan en la memoria colectiva grabados a fuego o como en este caso a agua y que dejan a la posteridad recuerdos no siempre gratos, porque significaron tragedias que afectaron vidas y bienes de manera cruel.
En Tandil, una de estas historias-tragedia fue la ocurrida el 27 de noviembre de 1951. Había amanecido como un día esplendoroso y soleado que trajo una mañana de esas que ya marcaban la proximidad del verano, para alegría de muchos, en especial de los niños y jóvenes que veían cerca las vacaciones, dado que ya muchas escuelas ese mismo día concretaban el acto de fin de curso.
Hacia el mediodía unas nubes muy oscuras comenzaron a poblar el cielo hasta entonces totalmente celeste y en algunas sobremesas largas de aquel momento, se comentaba la posibilidad que se arruinara la tarde con alguna tormenta imprevista para los ojos del común.
Como televisión todavía no había-eran los días de las primeras emisiones fundacionales en el país-las familias tenían habitualmente las viejas radios encendidas en la sintonía de   Belgrano, Libertad, Splendid o alguna otra que emitían programas familiares y algunos informativos.
Rápidamente el cielo se oscureció totalmente y una fortísima lluvia, que había sido precedida por una granizada impropia e inesperada para un día como el que hasta minutos había sido, se desplomó sobre la ciudad impiadosamente luego que se escucharan truenos y un extraño sonido que provenía de lejos.
Las calles- muchas de ellas de tierra sobre todo en la entonces zona periférica-se llenaron de agua al igual que los patios de las casas y aparecieron goteras inesperadas por el taponamiento de los desagües por el granizo abundante y de gran tamaño.
Nada hacía prever que algo mucho más grave ya estaba ocurriendo y que recién se supo a través de los comentarios al día siguiente y en los días sucesivos. Mientras lo descripto sucedía en la zona urbana de la ciudad, desde las sierras- especialmente de Las Ánimas y San Luis, hacia la Cascada , donde se había abatido una verdadera tromba de agua helada-una masa imponente se desplazaba a inusitada velocidad buscando los niveles más bajos y tomando como lugar de escape los cauces de los arroyuelos que nacían en sus faldas y que en segundos se transformaron casi en caudalosos  riachuelos que se abalanzaron sin piedad sobre todo lo que encontraron a su paso.
El arroyo del Fuerte, más conocido por la época como arroyo Gardey o Langueyú ( mal denominado porque éste es el que nace de la confluencia del Blanco y del Fuerte, aunque popularmente así se lo llamaba) y el Blanco- hoy ambos entubados en sus tramos urbanos-recibieron en sus modestos cauces, volúmenes nunca vistos de agua que arrasaron con puentecitos, pequeñas construcciones cerca de sus orillas, hasta desbordar en un abrir y cerrar de ojos y extender a derecha e izquierda de sus márgenes la masa de agua y barro que tomó de sorpresa a quienes vivían en las inmediaciones y fueron los primeros en sufrir el fenómeno que todavía el resto de la población desconocía.
El boca a boca y los relativamente escasos teléfonos comenzaron a divulgar la trágica novedad- la radio local no existía-imponiendo de la gravedad  de la circunstancia en la que, con el correr de las horas, se advertía la desesperación y los rumores ampliados de víctimas numerosas provocadas por la rapidez, la violencia y la sorpresa del episodio.
Nadie sabía bien a ciencia cierta, a la media tarde de ese aciago día, qué había pasado y hasta dónde llegaba el efecto desastroso. Los flamantes bomberos- ese año se había inaugurado el Destacamento-tuvieron un bautismo duro y acompañados por soldados de la Base Aérea y del Regimiento, comenzaron a desplegarse en ayuda de los vecinos que habían quedado atrapados en los techos de sus viviendas, aferrados a algún árbol o en situaciones de peligro.
Al atardecer, el agua helada que se había desplomado sobre Tandil corría sin tregua inundando los barrios que atravesaban los arroyos mencionados  y las versiones de numerosas víctimas eran ya confirmadas hacia la noche, cuando aún todavía quedaban muchas familias sin evacuar y se podían escuchar los gritos de pedidos de auxilio que congelaban la sangre del más guapo.
Fulano no aparece, Mengano murió mientras trataba de salvar algunas cosas de su casa y el agua lo arrastró, al hijo de Zutano el agua lo llevó y no pueden encontrar su cuerpo...Tandil estaba sacudido por el pánico, pero no paralizado, sino en plena actividad de rescate y adaptación a una situación nunca vivida antes.
Algunos curiosos peregrinaron hasta las cercanías de zonas como la avenida Avellaneda, donde el agua llegaba hasta las partes más altas, pasando 9 de Julio y convirtiendo a la misma en un lago que se extendía hasta más allá de Santamarina o hasta avenida Marconi, en las proximidades de la Escuela Nº 5 y del Hogar de Varones, donde la situación era parecida, o hacia la actual zona de la escuela Nº 7 donde todo estaba bajo agua.
Quienes vivieron como testigos o víctimas aquella jornada no pueden olvidar las numerosas versiones y las escenas de terror, así como de impotencia, surgidas ante la tromba que se había desatado y cuyos efectos además de los ya citados, afectaron, no por los desbordes sino por la falta de desagües, aún la zona céntrica, donde comercios conocidos como Casa Galver (hoy Norte), Mi Tienda, Adúriz (hoy Frávega), Casa Gala, Bazar ABC y otros, se anegaron.
La noche cayó implacable y con ella la angustia de centenares de tandilenses afectados y de Tandil todo por el conocimiento fehaciente de las víctimas que se había cobrado la inundación, sin que por ello menguaran las tareas perseverantes y solidarias de quienes aportaron su ayuda para aliviar la situación crítica.
El día siguiente amaneció resplandeciente y como si nada hubiera pasado. Centenares de tandilenses se acercaron a los lugares afectados para comprobar con sus propios ojos el desastre de agua, barro y resaca donde se mezclaban heladeras con mesas, sillas, elementos domésticos y botellas, flotando en lo que quedaba sin desagotar, observando las marcas de más de tres metros de altura que el aluvión había dejado en las viviendas en donde el agua ya había bajado.
Era la hora del recogimiento, del silencio y la solidaridad y también la de pensar en el
futuro para salvar situaciones similares que pudieran producirse.
Fallecieron en la oportunidad: Manuel Elizondo, de 37 años; Leonardo Arocha, de 53 ; Héctor Arocha, de 7; Carmela Romeo de Nacarello, de 37; Metta Christensen de Petersen, de 67; Mercedes García de Gorostidi, de 27; Elena Beatriz Ojeda, de 11; Raúl Alberto Ramil, de 2; Héctor Oscar Failache, 8 meses; Santiago Sachetti, de 70; Carlos Perri, de 8 .
Once muertos y un desaparecido, A. Pantusa, de 37 años, cuyo cadáver sería encontrado el 3 de diciembre, fue el saldo de las vidas perdidas. Las casas de sepelios de Sánchez y de Alessi y Manna inmediatamente brindaron gratuitamente sus servicios y la Municipalidad, además de disponer los decretos de duelo, ofreció el Salón Blanco para el velatorio final, desde donde partió luego el cortejo hacia el Cementerio Municipal acompañado por una multitud todavía anonadada por la tragedia y que dejó para Tandil uno de los recuerdos más dolorosos de su historia.
La vida continuaba y las necesidades también, por lo que fueron numerosas las personas e instituciones que brindaron su colaboración para los días siguientes en aras de restaurar en parte lo perdido. Así  podemos señalar que donaron un jornal el Hotel Continental, de Moroder, Escorihuela y la tienda Los Cracks; el Club Sportivo Tandil organizó una colecta; el Club Hípico ofreció comida; la Escuela Fábrica Nº 17 (actual Felipe Senillosa) el local para alojar evacuados, al igual que el Banco Provincia, mientras que la Sociedad Italiana donó $ 500 y el gobierno provincial dispuso el envío de $ 1.000.000.
Los vecinos y sus autoridades comenzaron de inmediato a pensar en la manera de prever y evitar la repetición de aquel 27 de noviembre y así surgió la integración de una Comisión de Defensa Contra las Inundaciones, presidida por el Ing. Ignacio Maquieira Goñi, con la colaboración en las secretarías, de los Dres. Jorge F. Christensen y Juan Manuel Ortiz, la que se abocó de inmediato a evaluar las pérdidas y las necesidades, formando subcomisiones barriales para concretar la ayuda indispensable al vecindario afectado; comisión que pese a los cambios políticos que se sucedieron, con la intervención de la Dirección de Hidráulica de la Provincia, culminó con la concreción del proyecto y posterior obra del Dique del Fuerte, cuya construcción comenzó en 1956 siendo inaugurado el 19 de enero de 1962, con la presencia del Presidente de la Nación Dr. Arturo Frondizi y que hoy, junto al espejo de agua respectivo, constituye una de las obras públicas más importantes hechas en Tandil, que además se convirtió en un atractivo turístico,  no sin antes recordar al Manantial de Gardey y sus adyacencias, predecesores del actual paseo mencionado y que reflejamos en el capítulo anterior


Daniel Eduardo Pérez

1 comentario:

  1. Gracias por la información Daniel, perdí a mi querida madre cuando solo tenía un año y medio, esa trágica tarde, y hoy, lágrimas de por medio, agradezco estos datos. Fué tan grande el dolor que nadie se atrevió a contarme mucho, gracias nuevamente. Dora Mercedes Gorostidi

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