lunes, 26 de diciembre de 2016

ENTRETENIMIENTOS POPULARES EN EL TANDIL DE ANTAÑO

FIESTAS Y ENTRETENIMIENTOS POPULARES
EN EL TANDIL DE ANTAÑO

Los juegos, entretenimientos y festejos populares hacen a la Historia porque reflejan momentos en los que las sociedades traducen sus emociones y prácticas sociales.
Es por eso que hemos creído oportuno reflejar parcialmente algunas de esas expresiones, entre el siglo XIX y comienzos del XX en nuestro Tandil, con un marco  general. Lucio V Mansilla ya nos comentaba: "Es curioso , en los pequeños centros de población, donde no hay distracciones de espectáculos, se juega por distracción; y en los grandes centros, donde todos son espectáculos, solo la minoría no juega -uno que otro viejo historiador, más o menos periático o atacado de reumatismo; la mayoría juega a las cartas, al dado, al billar, al dominó, al boliche, a la taba, a la argolla y a otros juegos de ensartar, como el balero-, de donde yo deduzco que el jugador nace como el poeta...".
El etnógrafo, folclorólogo y naturalista argentino Juan B. Ambrosetti en Viaje de un maturrango (1893), anotó la afición de los milicos por los juegos de apuestas, que llenaba los huecos dejados por el duro servicio y hacía circular de cinto en cinto los mugrientos billetitos que a grandes intervalos dejaba ver el comisario pagador. Sin naipes, "a cara o cruz, con una caja de fósforos o una moneda, a la pajita más larga o más corta; y hasta sirviéndose de los oficiales jugaban; en las cuadras, en la guardia, en el hospital, por todo.... Entre todas las apuestas oí una muy original: dos soldados de la guardia habían jugado a quién se sonaba primero las narices, si el subteniente de guardia o un capitán que se hallaba sentado frente a ellos".
El  argentino decimonónico, fue tan rico y variado en "envites" y destrezas como los españoles y criollos coloniales. Se apostaba en las "cuadreras" y en juegos como el monte, paro, nueve y treinta y una, en las loterías y en las ruedas de la fortuna, precursoras de la ruleta, en las tiradas de taba y en los "reñideros" de gallos, así como el pato, la maroma, la sortija y las boleadas de avestruces constituían ocasión propicia para demostrar la destreza y el arrojo ecuestre de gauchos y "agauchados".
Se agregaron luego juegos de origen inmigratorio, especialmente vasco, como la pelota, jugada "a mano", "a largo", con "botillo", a "pala" y "guante", con "sare", en "frontón", "trinquete".
La primera cancha de pelota, en Buenos Aires, la Cancha Vieja de Tacuarí al 500, comenzó a funcionar antes de 1850, y desde entonces se habilitaron, a lo largo de la segunda mitad del siglo, numerosos locales.
A partir de la caída de Rosas comenzaron también a desarrollarse en forma más sistemática, los juegos y deportes de origen británico, que hoy tienen el monopolio de nuestra actividad lúdica.
Carlos Alfaro menciona que en Tandil ya en 1860 había vascos practicando pelota. C
orría el año 1895 cuando el Sr Asquet , alias “el francés”, construyó una cancha de pelota en la esquina de Gral.Pinto y Alem, donde funcionaba el Hotel Francés. Luego se levantó el frontón del vasco Irigoyen en Gral. Rodríguez al 800, donde después funcionó El Pasatiempo, de Magret Hnos., esquina con Mitre; hoy se encuentra un comercio (estuvo allí en su momento Renzo Helados).
Más tarde surgió la cancha de Usandizaga donde jugaron los hermanos Ramón y Antonio Santamarina entre otros y hasta el cura párroco Guerrero, en 1902, hizo un frontón en una de las paredes laterales de la parroquia para los niños de las escuelas cercanas. Otra cancha fue “Los Vasquitos”, lugar de recordados desafíos, que estaba en Alem y San Martín, donde actualmente se encuentra una estación de servicio y ya para 1919 el Hípico inauguraba su frontón.
Hubo también tres formas de juego y entretenimiento que, pese a su origen exótico, resumen cabalmente el espíritu y el estilo criollo: el truco, la taba y las riñas de gallos.
En 1866, un grupo de vecinos encabezados por Machado, dio nacimiento al Circo de Carreras de Tandil, el hipódromo, que luego regentearía el Club Hípico y es uno de los más antiguos de Sudamérica, donde se congregaban los hombres para ver las carreras de caballos, que en cuadreras primero, luego se fueron profesionalizando.
Los daneses, por su parte, desde temprano practicaron como deporte y diversión el  tiro al pájaro y en 1869 crearon la  Sociedad de Tiro al Pájaro.
En cuanto a entretenimientos y festejos populares, el periodista R. Spika- que dejó su huella en el Tandil -recuerda también momentos alegres de la sociedad  tandilense y nos dice: "Para el transeúnte no faltan hoteles en que la decencia y el servicio nada dejan que desear, un club en donde pasar una hora en amena sociedad; un teatro que funciona por intervalos ; en la plaza bandas de música que amenizan las tardes en donde escasean sin embargo, las hijas de Eva, pues aquí como en Rauch, pueblos ambos de reciente formación y en las que predomina el elemento extranjero, nótase exceso de población masculina".
Manuel Suárez Martínez en sus Apuntes autobiográficos, recuerda de su época a
los primeros músicos del Tandil, que eran dos zapateros:La segunda noche que pasé aquí, salieron de la "Zapatería de la Oliva" (situada frente al hotel) sus dueños, Lucas y José Benavídez y otros cuatro o más con guitarras, flauta, pandereta y triángulo, tocando la marcha de Riego. Como yo estaba disponible para ingresar en el grupo que salía a dar las serenatas de música y canto, me incorporé y pasé unas horas muy agradables que hacía que aumentaran las simpatías por esta pintoresca población “.
Otro momento que Suárez Martínez nos entrega vívidamente y pleno de colorido es el de los festejos de los carnavales por esos lejanos tiempos: “1865. El primer carnaval que pasé aquí, fue para mí otra sorpresa.
En puerta vi que estaba la señora de Letamendi y una cuñada de él. Les di las buenas tardes y ellas me contestaron poniéndome por sombrero un gran balde de agua. Como fue de atrás, ni me di cuenta, y ellas se m ... de risa, al ver que habían aprovechado tan bien su estrategia. Yo que ignoraba esa manera de divertirse, al reponerme de la sorpresa, sacudí la cabeza, agarré un ladrillo en mano y, ellas, al ver esos "pomitos", dispararon para el fondo de la casa, yo detrás de ellas. Cuando las iba alcanzando, alarmado por los gritos de las carnavaleras, salió Letamendi de una de las habitaciones…
Me explicó luego la manera salvaje del juego del carnaval y agregó en forma de consejo: "de manera que hoy sólo salen a paseo los que quieren jugar, y si tú no quieres que te mojen vuélvete a casa porque vas a encontrar  muchas negras de m ... , y te expones a que te traten en una forma peor que desde que yo no te hago cargos por tu atropello a la casa, porque te conozco  y sé que ignoras las costumbres de este país".
……..
“Recorrimos las principales casas, pero, tal era la manera de jugar que, en las
mismas casas, nos recibieron a balde lleno y las casas quedaban como charcos,
sin respetar muebles, ni camas, ni lugar alguno.
A fines del siglo XIX las autoridades se vieron obligadas a reglamentar los festejos-como fue norma en todos lados-por la violencia que imperaba en los mismos. Fuertes multas, arreglar las calles- aún sin empedrar- y hasta la cárcel formaban parte de las sanciones. Otras ordenanzas prohibían la imitación de uniformes militares y la portación de armas.
En 1887 el primer Intendente, Pedro Duffau, agregó a las prohibiciones  de una Ordenanza anterior que prohibía en el juego “arrojar harina, polvo de colores,  huevos, todas clases de frutas naturales o imitación en cera y dar golpes con vejigas, globos de goma”,  la de jugar con agua arrojada con “baldes, jarros o bombas”, incorporando la figura del arresto en caso de no pagar la multa si se infringía la normativa.
Agreguemos que entre fines del siglo XIX y principio del XX el danés Christian Mackeprang y su familia formaron una orquesta con la que organizaba bailes populares, animaba cumpleaños y casamientos, siendo su casa de Independencia 215 (hoy Fuerte Independencia), un centro social y cultural de entretenimiento….
En relación a las fiestas de fin de año, Ana María Actis de Librelli, ya fallecida, entrevistada por el autor cuando tenía 92 años de edad. Detalló que “mis hermanos sacerdotes decidieron su vocación por propia decisión muy jóvenes y ello, sumado a la gran religiosidad de los padres, hacía que se diferenciara muy bien entre la celebración de la Navidad y la del año nuevo. Esperábamos la llegada de la Nochebuena con mucha ansiedad y mucha alegría. Era la llegada del Niño Dios y había que recibirlo muy bien puestos, es decir con las mejores ropas que teníamos”.
Al igual que en nuestros tiempos, la Navidad reunía a la familia ampliada
. Agrega la señora Actis: “Luego de asistir rigurosamente a la tradicional misa de gallo, se regresaba a la casa donde se reunía la familia para degustar la comida especial preparada por mamá, que generalmente era pasta a la italiana, de la herencia cultural recibida”.
“La bebida se ponía a enfriar en el aljibe, ya que la heladera a hielo llegó más adelante. La ‘bolita’ era la bebida que tomaban los chicos, que era como una soda dulce y que fue precursora de las gaseosas. Los mayores brindaban con vino de la época, tinto, clarete o blanco semillón, la sidra y el champagne no eran para nada comunes. La granadina y la manzanilla también era común para los niños y las mujeres”.
El “pan dulce” se hacía en cada casa. Llevaba frutas secas y se acompañaba con nueces, castañas y ciertas confituras.
Sigue Actis: “Las bombas de estruendo, las campanas al viento y la sirena de Nueva Era, marcaban la llegada del nuevo año, al igual que lo hacían las locomotoras del ferrocarril”. También para estas fiestas y desde que tengo memoria se escribían cartas de salutación y se mandaban y recibían tarjetas, que se compraban en las librerías de la época, siendo las de Grothe y La Minerva las más famosas”.
Delia Bustosen ese momento con 91 años- siempre llena de energía y con una rica trayectoria en Tandil, pese a ser nativa de Mar del Plata, " del campo", nos precisaba, nos traía a la memoria aspectos que en su infancia vivió en el ámbito rural en las fiestas de fin de año.
"Allí se vivía la Navidad con un sentido profundamente religioso, que nos imponía ser naturalmente humildes, pero a la vez alegres y respetuosos. Al año nuevo se lo esperaba diferente, con los deseos de dejar atrás todo lo malo que se iba con el viejo año y  con el deseo de mostrar todo lo bueno que había quedado para intentar que el año nuevo lo reprodujera.
"Por aquellos tiempos se celebraba en familia la Navidad, con el tradicional pesebre y un altar donde se lo colocaba. El asado era la comida tradicional, aunque el primer día del año era más común y allí se reunía a la peonada, en torno a la mesa.  "Cosas dulces" y frutas secas, avellanas, confites y nueces completaban con el pan dulce casero los ingredientes más comunes para la celebración. Al asado con cuero se lo acompañaba con una ensalada de papas y de berro, la lechuga se incorporó después al igual que el tomate.
 "Los hombres solían beber el Cinzano primero y el acompañante obligado del asado era el vino de damajuana  o el de bota. El 1º se comenzaba con empanadas hechas en el horno de barro y a veces un pavo asado preparado especialmente para la fecha.
“Los chicos y los más jovencitos, se iban a acostar inmediatamente de haber comido, a la noche del 31 y al mediodía del 1º se quedaban jugando, mientras en la sobremesa el anís "8 Hermanos", el oporto y la hesperidina para las mujeres, alargaban la jornada."
"Sidra y champagne, no eran comunes en estas mesas humildes"- nos acota doña Delia. “En la ciudad estas bebidas, especialmente la sidra, se popularizaron, así como las gaseosas o jugos no se conocían hasta la llegada de la Bilz y después de la Bidú Cola, que eran para los niños. La cerveza hizo su llegada con la Quilmes, pero no era como hoy una bebida frecuente entre la muchachada.
"En la Navidad las luces de bengala o estrellitas, los cohetes fósforo  y las cañitas voladoras, junto a los luego ingresados “rompeportones”, eran la pirotecnia de entonces, por cierto muy diferente a todo el arsenal que hoy se usa.
"Las bebidas que se tomaban eran refrescadas en el aljibe o directamente en los sótanos, si se tenían, lo que era común. Más tarde el hielo traído especialmente entre afrecho para que no se derritiera, se ponía en bordalesas y allí se colocaban las botellas y las damajuanas al igual que la primeras gaseosas.
"Para estas fechas todos nos poníamos " paquetes", es decir con las mejores ropajes, especialmente en Navidad, donde cuando llegaban las doce, se cantaba el Aleluya., en tanto el primero de año se efectuaban visitas de cortesía para saludar amigos y vecinos y desearles un buen año.
"Cuando vine a Tandil, ya para el primero de año no se estilaba como en el campo carreras de sortijas, embolsados y otros juegos típicos del ambiente rural. Aquí la cosa era un poco diferente", nos agregaba doña Delia.
Enrique Piñeiro, por su parte, dedica párrafos a las famosas “romerías” diciéndonos al respecto: “Pasada Navidad empezaban a llegar los músicos para la Romerías Españolas. Éste sí que era un acontecimiento que hacía trepidar al Pueblo, pues toda la gente de origen español las esperaba, como la Fiesta del Año. Duraban entre cosa y cosa, casi una semana. Solía llegar primero en el tren de la tarde, con gran ruido de bombo y platillo, una banda con vestimenta militar o más bien de circo.
Nadie en el pueblo-prosigue- dejaba de enterarse de su llegada. Luego más silenciosamente, llegaban los gaiteros gallegos con su acompañamiento y los vascos con la dulzaina. Unos y otros recorrían el Pueblo con gran algazara y seguidos de sus respectivos entusiastas. Otro día, y siempre los últimos, eran los de la Estudiantina. Era esta una orquesta de cuerdas con violines, guitarras y mandolinas. Vestidos de calzón corto, blusa negra, boina con pluma y capa liviana al viento remedaban a los estudiantes del tiempo de Fray Luis de León.
Para esta ocasión-continúa- se levantaban en una quinta de Santamarina, aledaña al pueblo (lugar después conocido como Monte de las Romerías, actual Plaza 25 de Mayo) una serie de tablados para las orquestas. Se construían carpas donde se despachaban bebidas (casi exclusivamente cerveza y sidra), galletitas, sándwiches y creo que comidas. Toda la quinta tenía una buena arboleda, estaba iluminada, embanderada y llena de arcos de ramas y adornos.
Las orquestas tocaban por turno. Era de ver la competencia que se armaba entre ellas y más aún entre los que bailaban en los diferentes lugares. Siempre los que más público atraían era los vascos con sus bailes y los que bailaban jotas, por ser estos bailes más pintorescos y movidos y sus cultores más entusiastas. Era de ver cómo saltaban, brincaban…y sudaban aquellos vasquitos!.
A la caída de la tarde,-señala- tiraban un par de bombas, para indicar la terminación del baile y todo el mundo se iba a cenar. Después de un par de horas, nuevas bombas, vuelto a sonar la gaita o la dulzaina y comenzaba de nuevo el jaleo…hasta no sé qué hora.
Terminadas las Romerías, el Pueblo seguía de fiesta, pues era fin de año que no podría pasar desapercibido. Había bailes y reuniones y en el momento culminante, un gran estrépito de bombas, tiros, toques de pito de las locomotoras del tren, la sirena de la usina de luz. En estos años estaba de moda el Skating Ring que era un salón de patinaje, del que tengo muy buenos recuerdos. Fueron nuestras primeras oportunidades de alternar con chicas de nuestra edad con cierta libertad y sin el “encogimiento”  propio de las visitas.”, rememora don Enrique.
Sería por 1906  que llegó la luz eléctrica-continúa Piñeiro -y con ella vino el cinematógrafo. Las cintas se proyectaban una vez que oscurecía en un bar y confitería que estaba en la esquina de nuestra casa. Duraban  cinco a diez minutos y daban varias en la tarde.
“Nosotros estábamos atentos y cuando veíamos que se apagaban las luces del Bar, corríamos a la vereda de enfrente y mirábamos a través de las puerta! Por cierto que no éramos los únicos. ¡Era la gran atracción!
Cuando estaba mi Padre en Tandil a veces nos llevaba. Como había que hacer “consumación”(sic), él, que nunca tomaba entre comidas, se veía obligado a tomar algo. Nosotros pedíamos lo único posible: pastillas de goma Mentolinas o Rosalinas”
En fin, nuestros antepasados supieron también cómo entretenerse y divertirse…


 Daniel Eduardo Pérez

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